jueves, 13 de agosto de 2015

El puente de los cinco nombres


   Todo comenzó allá por los preámbulos de lo que sería la EXPO`92. La ciudad volvía a despertar como hizo con la Exposición Iberoamericana de 1929. Con todo ello afloró de nuevo un sentimiento por la ciudad que empezó a cobrar fuerza y forma. Sus líneas y las nuestras se centran en la imagen que daba el Tapón de Chapina (1948-1991). Esta no era la más adecuada para el centro histórico de una de las ciudades más bellas del mundo. Además, se trataba de una de las principales arterias de cara al Aljarafe sino la principal. El corazón de Sevilla no podía tener semejante paisaje lunar tercermundista junto al escenario que iba a ser contemplado por el planeta entero. El desaterramiento era vital para la ciudad pero el nuevo puente era la piedra angular.

   Por aquel entonces, la ciudad no contaba más que con el viejo y remodelado (1977) Puente de Triana, el de San Telmo, el Generalísimo/Los Remedios y el levadizo de Alfonso XIII. El nuevo viaducto se sumaría con los otros cinco que se tenían previstos sobre la Dársena. Nuestro personaje tomará como referencia el Puente de Alejandro III de París. Éste se halla ante los Inválidos y fue construido para la Exposición Universal de 1900: un paralelismo estético/histórico.


   Las obras dieron su pistoletazo de salida con la prefabricación de los primeros elementos metálicos en agosto de 1989. El puente se puso en servicio el 17 de octubre de 1991. El arquitecto fue el trianero José Luis Manzanares Japón. Su coste ascendió  a un total de 2.000.000.000 de pesetas, que convertido en euros serían 12.020.242,09 millones


   En una visita que hizo el articulista del ABC de Sevilla Antonio Burgos a la obra, nació el popular nombre del puente. Él lo publicó en el periódico, el nombre hizo fortuna y pasó a ser oficialmente conocido como "El Cachorro".

   Que el puente fuera inaugurado antes que el cauce del río, fue objeto para que Los Morancos popularizaran un chiste:
"El puente de los Leperos, que primero hicieron la estructura y después le fabricaron el río.""


  Posteriormente, la jerga popular lo ha conocido también como el puente de los "tolditos" o "toldos" y el de "Chapina". Su nombre oficial sigue siendo "Cristo de la Expiración" por su cercanía a la capilla del Patrocinio, morada del Cristo del Cachorro.




 

Curiosidades de la Virgen de los Reyes y su Festividad


El origen de la Virgen de los Reyes se rodea de tradiciones, historias y leyendas. Se dice que la imagen pudo ser donada al Rey San Fernando por su primo Luis IX monarca de Francia, que pudo ser una creación de los propios ángeles, que fue donada por Alfonso el Sabio a la Catedral e incluso que acompaño al Rey San Fernando en su reconquista o que él mismo la había visto en sus sueños y mando hacer una imagen de ella.

La Virgen de los Reyes, proclamada patrona de la ciudad de Sevilla y de sus Archidiócesis en 1946 por el Papa Pío XII, se encuentra situada en la Capilla Real de la Catedral Hispalense, realizada dicha capilla en 1579.

Se coloca sobre tabernáculo de plata junto a la urna, también de plata, que contiene el cuerpo incorrupto del Rey San Fernando, patrón de Sevilla y algunos miembros reales de la época. Anteriormente estuvo en una Capilla construida por orden del Rey San Fernando en 1248 y demolida posteriormente por orden del Cabildo.


Imagen de vestir, coronada el 4 de diciembre de 1904, de estilo gótico y realizada en madera de alerce articulada con una altura de 1.76 m, posee modelada la cabeza, manos y pies. Sobre sus rodillas se sitúa imagen del Niño Jesús, posterior a la Virgen de 60 cm. Porta bastón de mando, medalla de la Ciudad de Sevilla y fajín de Capitán General. El paso es de litera o tumbadilla realizado por el arquitecto Juan Talavera (1914).

Festividad de la Virgen de los Reyes

El día 15 de agosto se celebra la fiesta de la Asunción de Ntra. Sra. venerándose a la Virgen en dos advocaciones, “Ntra. Sra. de la Sede”, situada en el Altar Mayor y a “Ntra. Sra. de los Reyes”, patrona de Sevilla.

Desde el día 6 al 14 se celebra la novena de preparación a la Fiesta. La imagen de la Virgen queda expuesta para besamanos los días: 4, 5, 20 y 21 de agosto, durante casi toda la jornada.

Anteriormente el recorrido se realizaba entre las puertas de Palos y la de San Miguel, pero en 1958 Bueno Monreal determinó que se prolongara el recorrido por todo el perímetro de la Catedral.

Antes de la salida de la procesión el cabildo realiza una oración litúrgica (laúdes) presidido por el Arzobispo. El paso de la Virgen de los Reyes sale de la Catedral Hispalense por la Puerta de Palos hacia la Plaza que lleva su mismo nombre, bajo un silencio sepulcral, que se rompe con el clamor de los presentes y el repicar de campanas, siguiendo su recorrido por las calles Placentines, Alemanes, Avenida de la Constitución, Fray Ceferino González, Plaza del Triunfo, Plaza de la Virgen de los Reyes, para realizar su entrada en la catedral bajo el repicar de campanas por la Puerta de Palos.

Un cortejo formado por autoridades religiosas, municipales, civiles y militares acompaña a la Virgen de los Reyes en su recorrido. Durante este recorrido se realizan cuatro estaciones que consisten en paradas donde se realizan una serie de actos religiosos.
CORTEJO
Cruz alzada precedida por la Banda Municipal.
Asociación de Fieles de Nuestra Señora de los Reyes y San Fernando
Archicofradía Sacramental del Sagrario
Capilla musical
Clero y Excelentísimo Cabildo Catedral
Paso de Nuestra Señora de los Reyes
Preste y ministros sagrados
Corporación Municipal

Delegado de Gobierno 
Compañia militar 

La leyenda de San Fernando y la Virgen de los Reyes


Poco antes de conquistar Sevilla, el rey Fernando III el Santo estaba rezando en el campamento de Tablada, se adormeció y tuvo una visión de la Virgen con el Niño en brazos que le decía:

–          Yo te prometo que conquistarás Sevilla.

Al despertar le contó la visión a su capellán, el obispo Don Remondo. Al poco tiempo se cumplió lo prometido por la Virgen y el rey, en sus continuas oraciones, se acordaba de aquella imagen que vio mientras dormía. Para no olvidarla, pidió a los escultores que la esculpieran, pero ninguno supo reproducirla exactamente.

Hubo un día que tres jóvenes vestidos de peregrino llegaron al Alcázar provenientes de Alemania. Eran escultores en su ruta de perfeccionamiento y, tras recorrer el país germano y Francia, llegaban a estas tierras para mostrar su arte y aprender de las obras que aquí se hacían.

El rey Fernando les ofreció lo que quisieran  y ellos contestaron que simplemente querían hacerle un regalo por su gran acogida. Le quisieron regalar la talla de una Virgen para alguna de sus capillas. El rey aceptó y les ofreció cuantos materiales necesitaran, pero ellos dijeron que no necesitaban nada, solamente un salón donde pudieran trabajar sin ser vistos y sin que nadie los molestara.

Cuando los tres jóvenes estaban a su labor, una criada se asomó a ver cómo trabajaban y se asombró al contemplar que ninguno tallaba, sino que se encontraban cantando plegarias en medio de un gran resplandor. Corriendo fue a contárselo al Rey.

San Fernando fue a comprobarlo por sí mismo, pero cuando se acercó vio sobre la mesa que se les había prestado para trabajar, la talla de la Virgen que en sueños había visto día antes. Los jóvenes escultores habían desaparecido, allí no estaban y no había otra puerta por donde pudieran haber salido. Se dio cuenta el Rey en aquel momento que esos tres chicos eran ángeles y que le habían dejado allí la Virgen como regalo divino. Los centinelas confirmaron que nadie había salido del Alcázar y los escultores sevillanos certificaron que era imposible haber tallado aquella imagen en tan poco tiempo.

Así también lo declaró el obispo Don Remondo y, considerándolo un milagro, ordenó que se colocara la imagen en la Capilla del Alcázar con el nombre de Nuestra Señora de los Reyes. Con el paso del tiempo, ya muerto San Fernando, en su testamento dejó escrito que deseaba estar sepultado a los pies de la Virgen de los Reyes, así encontramos que la Virgen pasó a la catedral, instalándola en el altar de la Capilla Real donde San Fernando tiene su túmulo.


Embarcadero secreto de los Duques de Montpensier



Uno de los pocos restantes herederos de la corona francesa borbónica, vino a afincarse en la ciudad de Sevilla, donde compró a las autoridades la Escuela de Mareantes o Universidad de marinos, para rehabilitarla como residencia fija.


Don Antonio de Orleans contrajo matrimonio aquí con la hermana de Isabel II, Luisa Fernanda de Borbón. De esta unión nació la infanta María Luisa Fernanda de Borbón, a la que Sevilla está en deuda con ella por el regalo de sus jardines privados, lo que hoy viene a ser el pulmón verde de la ciudad: el parque de María Luisa.


Con una soberbia mansión de estilo barroco edificado a orillas del río Guadalquivir y en una zona a "salvo" de las riadas de este, el duque se hizo levantar un "túnel" secreto que conectara las dependencias de palacio con el cercano muelle de Nueva York, el cual aun se encontraba sin mucha explotación portuaria.

En dicho embarcadero privado, más bien que pasadizo, se encontraría una embarcación del duque, lista para la huida hacia sus posesiones en Sanlúcar de Barrameda, ya que su posición contraria a Isabel II y sus pretensiones sobre el trono de España, le llevaron a granjearse numerosos enemigos, empezando por Juan Prim y Amadeo de Saboya.

Vítores de la Catedral


La limpieza de los muros de la Catedral hace unos años sacó a la luz estas extrañas pintadas de color rojizo ante la sorpresa de todos. Estas inscripciones aparecen también en el Archivo de Indias o en la calle Alemanes y parecen ser los antepasados del graffiti. Los vítores, que así se llaman estas pintadas, se realizaban en reconocimiento a la consecución de un doctorado o para conmemorar alguna celebración.

Ruedas de Molino en el Barrio Santa Cruz




Seguro que más de una vez, paseando por el barrio Santa Cruz, habéis visto en sus muros estas formas circulares. Estas huellas son de las ruedas de molino que servían de protección para que los carros de caballos no dañaran los muros con sus ejes.

Los Nombres de la Plaza del Pan


Haciendo un repaso a su historia se observa que ha recibido hasta siete nombres diferentes. Lo más curioso es que, los primeros datos de que se disponen, de un temprano siglo XIV, ya apuntan a la existencia de panaderías. De ahí que, incluso entonces, se le conociera como «plaza de las Atahonas». Al menos así lo asegura Ballesteros en «Sevilla en el siglo XIII».
No será hasta el siglo XVII cuando se retome esta denominación, «actualizada» ya como «Del Pan», por el evidente motivo de que allí se daban cita numerosos puestos de venta de este producto que, por otra parte, provenía de las cercanas localidades de Alcalá de Guadaira y Mairena, principalmente.
Esos puntos de venta se encontraban en la actual hilera de establecimientos comerciales que limita con la espalda de la iglesia del Salvador. Anteriormente se trataba de unas arquerías que, en palabras de Francisco Ollero Lobato, también albergaron «juzgado, cuerpo de guardia y otras oficinas». Realmente, lo que existe hoy en día son dichas arquerías, pero tabicadas.

La rotulación llegó como un paradójico homenaje al gremio, pues no se ajustó como nomenclatura oficial hasta 1820, fecha en que los panaderos fueron desalojados de la céntrica área.

José Echamorro, maestro de obras en la Sevilla de principios del XIX, fue el ideólogo de un proyecto urbanístico en pos de una mayor amplitud del espacio público y que trataba de corregir su frente, de muy «desarreglado y desagradable aspecto». Su irregularidad, y la elevada presencia de palenques y puestos de venta hacían que aquello, más que una plaza pareciera «un ensanche en el cruce de diversas calles en el testero de la iglesia», concluye Ollero.
A pesar de la modificación, la función comercial no decayó, siendo una de las zonas clave del Casco Antiguo en este ámbito, pero con una tipología de negocio más amplia. De hecho, entre 1868 y 1971 se la conoció como «plaza del Comercio». No obstante, no sólo era pan lo que se vendía, pues hay un documento de 1667 que nombra el lugar como «plaza de la Fruta».

De mayor duración fue la denominación que la revistió durante todo el medievo, siempre con el término «Salvador» entre su identidad, dada su situación anexa al templo. Es más, durante el siglo XVI, todo el espacio se consideraba como plaza del Salvador, un gran área con la iglesia en su centro.
Tal era la amplitud de la plaza, que también incluía a la de la Pescadería, de ahí que hubiera que concretar más el término. Es decir, la actual plaza de Jesús de la Pasión era la «plaza de Abajo de San Salvador» a mediados del siglo XIV, y la «Baja del Salvador» hasta el XVI, según se recoge en el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla».

El historiador Moreno Galván añade un nombre más a la lista, asegurando que, en 1845, no era «del Pan» sino «plaza Vieja del Pan» o «del Pan Vieja», en alusión a esa actividad ya lejana en ese lugar de Sevilla.

El topónimo de «Jesús de la Pasión» tiene un siglo de vida. Pero de vida intermitente, la marcada por el pulso entre devoción y negocio. Los comerciantes no vieron con buenos ojos este viraje piadoso, entendiendo que el cambio de nombre les haría perder ventas, y en consecuencia litigaron por devolver su clásica denominación, que consiguieron en 1931.


No obstante, en 1939 el espacio volvió a homenajear al devoto nazareno de Martínez Montañés con un nombre que ha quedado como definitivo. Al menos hasta la fecha.